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Nuestra telenovela con muertitos

Con spoilers y todo, apenas este fin de semana vi la premiere de la séptima temporada de The Walking Dead.

Se debe aceptar que hay algo de gozoso en tanta violencia. No, no me voy a rasgar las vestiduras como mucha gente que ha vociferado que fue un exceso, y que nos estamos desensibilizando, y ante tanta violencia mediática terminamos viendo la violencia real (de la que cada vez nos enteramos más) como otro espectáculo.

En retrospectiva, se antoja que nuestra telenovela con muertitos es mucho más profunda de lo que nos hemos dado cuenta a lo largo de los años, el conflicto se antoja muy clásico en que el hombre se enfrenta a la obra de dios/destino/naturaleza, evolucionando hacia el hombre contra el hombre.

Si recordamos a nuestro primer gran villano “El Gobernador”, ahora parece un pobre hombre incomprendido y falto de cariño frente a Negan. De manera que nuestro villano de la tercera temporada encarnado por David Morrisey, si tenía sus toques de dictadorcillo y era inmoral que negara cualquier dignidad a los zombies que evidentemente alguna vez fueron humanos, Negan (Jeffrey Dean Morgan) no sólo deja atrás esos dilemas sino que ve como propiedades a lo que deberían ser sus semejantes.

Otro gran giro es la actitud del grupo liderado por Rick Grimes, primero los vemos como se ajustan a la situación límite, para después endurecerse hasta el grado que por momentos los pintan casi como mercenarios, para después desinflar su ego y la identidad que iban formando en sólo el primer capítulo de esta nueva temporada.

Más allá de toda la sangre, en este estreno hay tres cosas que resaltar y que ojalá tengan repercusiones en los próximos meses:

  1. La manera en que nos cuentan la historia a nivel lenguaje visual es increíble, va in crescendo hasta que logra una tensión como la nunca habíamos experimentado en los seis años que justo hoy cumple la serie desde que se emitió el primer capítulo en 2010.
  2. Tiene que ver precisamente con la escena que involucra estelarmente a Rick, Carl y Negan y es la oportunidad mayúscula que Andrew Lincoln (Rick) tuvo para mostrar un arco actoral que no le habíamos visto después de casi 100 capítulos en los que lo hemos visto encarnar el mismo personaje. Me tiro al río y aseguro que sólo esa escena le valdrá una nominación al Golden Globe o al Emmy como mejor actor.
  3. ¡Pobre Carl, que ya lo suelten! Primero se lleva una bala y se pasa casi tda la segunda temporada en cama por ver a un venado, luego tiene que matar a su propia madre (que sí era una fichita… ¡Pero era su maaadre!), luego pierde el ojo por los celos de un chavito caguengue… ¡Yaaa, ¿no?!
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Diseñador gráfico de profesión, fotógrafo amateur y bloggero por gusto.