Reseña de la película Tron: Ares

Reseña de la película Tron: Ares

Tron: Ares es el resultado de una franquicia que injustamente ha sido condenada al fracaso

Hollywood como industria cinematográfica ha sido el pilar del entretenimiento a nivel mundial desde hace décadas, monopolizando lo que se cree que nos gusta a todos, un sinfín de géneros que han llevado a la pantalla grandes historias y también grandes fracasos.

Una industria que ha tenido un lado muy oscuro y muy hipócrita, escándalos de crímenes y corrupción son entre muchas otras cosas por lo que más se ha destacado, la injusticia ha jugado un papel muy importante en todo esto siendo su mayor escaparate la entrega de los premios Oscar, el glamour en su máxima expresión ha deslumbrado con su gran pasarela de estrellas pero no todo es tan maravilloso como creemos.

Hay películas que han estado al margen de todo esto por lo innovador de sus propuestas o por lo arriesgado de sus temas, lo cierto aquí es que algunas de ellas deberían haber pasado a la historia como grandes clásicos y que fueron ignorados y olvidados, con el paso del tiempo y la visión de nuevas generaciones estas han tenido una oportunidad de estar en el gusto de propios y extraños negándose a verdaderamente desaparecer.

Un caso muy en particular dentro de los géneros de ciencia ficción y fantasía profetizó lo que ahora es una realidad y que cambió a la industria hollywoodense para siempre, en 1982 llegó a las salas cinematográficas Tron 1982 una película de ciencia ficción, acción y aventura creada, escrita y dirigida por Steven Lisberger en donde la tecnología jugaba uno de sus papeles más importantes y que al día de hoy ha sido el pilar de los efectos especiales en CGI.

Una franquicia que injustamente fracasó y quedó destinada al olvido, entre rechazos y abandonos de guionistas y directores aún podemos tener la esperanza de que esto pueda seguir vigente y actualizándose en nuevas entregas, en 2010 llegó su esperada secuela Tron Legacy del director Joseph Kosinski y con el guión de Edward Kitsis y Adam Horowitz, cinta que le dio un giro muy interesante y moderno a lo que ya se conocía y que dio pie al cortometraje Tron: The Next Day en el 2011 y que cronológicamente se ubica un día después de los acontecimientos de Legacy, y a una serie animada Tron: Uprising transmitida entre 2012 y 2013 a cargo de los directores Charlie Bean y Robert Valley y con el guión nuevamente de Kitsis y Horowitz que serviría de puente para conectar la primera y la segunda parte en donde podíamos ver que explora los intentos de Tron de crear nuevos programas y formar una revolución contra Clu su principal antagonista.

Si bien los anteriores proyectos fueron cancelados la saga siguió en comic, Tron 2.0: Derezzed del 2006, y la mini serie Tron: Betrayal de Marvel Comics en el 2011 así como en los videojuegos TomyTronic Tron (1981), Tron (1982), Tron: Deadly Discs, Tron: Maze-a-Tron, Tron: Solar Sailer (1982), TomyTutor Tron, Discs of Tron (1983), GLTron 3D (1998), Tron 2.0 (2003), Virtual Magic Kingdom, Kingdom Hearts II (2005), Space Paranoids (2009), Tron: Evolution, Tron Evolution: Battle Grids (2010), Tron: RUN/r (2016), Tron: Identity (2023) y Tron: Catalyst (2025).

Ya casi para finalizar este 2025 y ampliando aún más este universo cibernético llega a las salas de cine la tercera entrega cinematográfica de esta franquicia, Tron: Ares del director Joachim Rønning con un guión de Jesse Wigutow.

¿De qué trata Tron: Ares?

La historia nos presenta a un nuevo personaje el sofisticado programa Ares (Jared Leto), que es enviado desde el mundo digital y universo de Tron al mundo real en una peligrosa misión en donde descubrirá que hay un mundo más allá por conocer de lo que sus directivas le han enseñado, siendo este el primer encuentro plausible que tiene la humanidad con seres creados por una Inteligencia Artificial.

La idea de toda esta franquicia fue y es algo que se adelantó mucho a su tiempo y que en su momento fue casi incomprensible para un público que no estaba acostumbrado a un lenguaje tecnológico y computacional, pasaron 28 largos años entre la primera y la segunda entrega, dando como resultado que pudiéramos ver una evolución más modernizada a nuestros tiempos sin dejar de lado los elementos fantásticos y sus grandes efectos especiales.

Lamentablemente esta saga no ha podido tener la importancia que merece, en parte por unos ambiciosos estudios que han querido cambiar las cosas y darles un nuevo giro y rumbo y por otra parte porque no ha estado en las manos correctas.

No podemos negar que este es un gran trabajo visual con un diseño espectacular con un ritmo y una narrativa demasiado rápidas y que estuvo cuidadosamente escrita por Jesse Wigutow tratando de respetar sus reglas y el concepto inicial, muchos cambios en sus guiones, los constantes retrasos en la producción hicieron que todo esto diera un cambio radical de lo que sería a lo que ahora nos están presentando.

El producto final y lo que ahora podemos ver en pantalla se enfoca más a tener un trasfondo más filosófico que científico, a un viaje de descubrimiento más personal y emocional, a presentarnos a la Inteligencia Artificial como algo sumamente cuestionable en su diseño, desarrollo y aplicación en el mundo real y finalmente la crisis de identidad de su personaje que pese a estar programado con directivas específicas se cuestiona así mismo su razón de ser y de estar transitando entre 2 mundos.

No podemos decir abiertamente que esto es una secuela directa de Tron: Legacy, lo que podemos decir es que es una parte de este universo de Tron, personajes que se presumen pudieron estar en algún punto entre el pasado o el futuro de esta metahistoria y que ahora tienen la oportunidad de llevar ellos mismos su propia trama y subtramas, desarrollando así un nuevo y más moderno concepto que se apega más a la modernidad actual y a la evolución que ha tenido la tecnología de los videojuegos.

Estamos ante una película que puede definirse como entusiasta, que actúa y se desarrolla bajo sus propias reglas y contexto pero que en momentos está en desacuerdo consigo misma y sus transiciones cinemáticas con escenas de acción que fracturan toda su simetría y nos dejan con una visión general incompleta de lo que está sucediendo y esto se debe en gran parte a todos los cambios y recortes en un guión que lamentablemente no pudieron corregir.

Para poder definir lo anterior tenemos que hacer un poco de historia dentro de la misma franquicia, en la primera entrega de Tron es Kevin Flynn (Jeff Bridges) un innovador programador que creó cinco grandes videojuegos para ENCOM Corporation incluyendo su éxito más grande Space Paranoids, cuando se entera que fue Ed Dillinger (David Warner) quien le ha robado los derechos de sus creaciones es transportado a un mundo digital y a un espacio virtual dentro de una computadora, ahí se da cuenta de que ese mundo no es tan diferente al de nosotros y cómo podría serlo si para crearlo se basó en elementos reales, luego de vivir una serie de grandes aventuras regresa al mundo real solo para darse cuenta de que algo en su forma de ser y de pensar ha cambiado.

28 años después en su secuela Tron: Legacy podemos ver algo de ese cambio, ahora han pasado los años y se nos explica que su principal cambio se debe a la muerte de su esposa y que ahora lo que está dispuesto a hacer es explorar tecnología para que de alguna manera la humanidad pueda preservar digitalmente su esencia, su alma pero las cosas no resultan como las planea y de un momento a otro ha desaparecido dejando a su hijo Samuel/Sam Flynn (Garrett Hedlund) completamente solo, y esto se debe a que Kevin ha ingresado al mundo digital para explorar más de la idea que tiene de preservación y es capturado por Clu, un programa defectuoso que ha tomado el control de todo y de todos y es ahora su hijo el que tiene la misión de poner punto final a esta tiranía y rescatar a su padre, un plan que tampoco resulta como se planeó y que termina trayendo a la realidad a un algoritmo isomórfico llamado Quorra (Olivia Wilde).

Se suponía que esta tercera entrega exploraría más de esta relación y su interacción con el mundo real y eso no sucedió, se nos menciona muy vagamente que ellos existen y no dan más explicaciones al respecto, un pretexto muy a favor del guión que trata de hacer una referencia y plantear que lo que vemos si está dentro de la cronología de la saga, personajes nuevos que tratan de suplir a los clásicos en un giro y enfoque más empresarial y bélico, es así como nace este ser digital llamado Ares (Jared Leto) un programa asesino que puede viajar entre el mundo digital y el mundo real conocido como el espacio cárnico, con la ayuda de un láser regenerativo que lo reconstruye como un ser físico en nuestro mundo.

Ares es una creación de Julian Dillinger (Evan Peters) nieto de Ed Dillinger el ladrón corporativo de la primera cinta y Athena (Jodie Turner-Smith) la letal y peligrosa teniente, el plan de Julian y lo que pretende con estas creaciones casi invulnerables es venderlas a países que estén dispuestos a pagar y que formen parte de su milicia para ponerlas en acción en futuras guerras, hasta este punto la trama parece ser algo trillado y cliché con un lado novedoso que explota más la tecnología militar en nuestros tiempos y en nuestra realidad.

Como ya sabemos y vimos en las anteriores entregas Julian tiene libre acceso a un láser generativo que puede reproducir estructuras digitales en un espacio real creando seres sólidos y funcionales un ejemplo exagerado o quizá con una visión más a futuro de lo que ahora son las impresoras 3D, la idea como propietario de este dispositivo de alta tecnología es poder crear un ejército virtual en el ciberespacio y materializarlo instantáneamente en nuestro mundo pero que aún tiene un gran defecto, las creaciones solo pueden durar 29 minutos en acción antes de autodestruirse por la falta de un código de permanencia que les permita existir en nuestro mundo por un tiempo indefinido.

Ahora ENCOM Corporation está dirigida por Eve Kim (Greta Lee) quien se hizo cargo de la misma junto con su difunta hermana Tess y es rival de la compañía Dillinger Systems, tanto Eve como Julian quieren encontrar el código de permanencia, un programa que permitirá que los objetos y entidades creados en Grid tengan tiempo ilimitado, es ella la que descubre el código está escondido y resguardado en los viejos archivos de Flynn y Julian no se detendrá por nada y ante nada para conseguirlo y materializar a los que cree que son sus mejores creaciones, dos soldados digitales Ares y Athena quienes disponen solo de 29 minutos para encontrar a Eve, robar el código y transportarse de nuevo a la Red y que por razones que no están del todo explicadas y concretizadas en el guión este mundo digital es al parecer el único lugar donde Julian puede acceder y activar este código.

Ares es peculiarmente inteligente e incluso llega a ser sensible, algo que no logra comprender ni asimilar del todo, punto que tampoco es explicado a detalle y nos deja con más preguntas que respuestas ¿estos programas tienen un error que les permite actuar y sentir con libre albedrío? ¿parte de su programación y directivas principales incluyen tener la sensibilidad en un entorno real y no digital? ¿Al transferirse a la realidad sienten y actúan como humanos y no como programas? al estar en nuestro mundo puede darse cuenta de que puede tomar decisiones propias y cambiar completamente su forma de actuar, llega a un acuerdo con Eve para ayudarla y posiblemente cambiar el destino de la tecnología de Inteligencia Artificial para siempre.

Lo que plantea este proyecto con sus múltiples e indefinidos cambios con sus respectivos agujeros de guión es muy simple y poco entendido, una inteligencia artificial que puede ser tan sensible como un ser humano y decide que quiere vivir bajo sus propias reglas y decisiones y aquí nos hacemos la pregunta ¿dónde hemos visto eso antes? la respuesta es aún más simple en innumerables películas y programas de televisión de ciencia ficción que ya usaron esta misma idea, algunas muy bien planteadas y desarrolladas y otras no y hacer que esto funcione en su propio contexto y sea creíble no es nada fácil, esto es un tropo ya muy usado que aún puede generar algunas ideas interesantes siempre y cuando estén bien planteadas al igual que su desarrollo, en este caso las cosas no funcionaron como se esperaba, ni la construcción de personajes, ni sus diálogos ni su edición pueden lograr que esta idea pueda funcionar a corto plazo.

Mientras que en los trailers vimos que Tron: Ares prometía ser una historia que continuará con aquél primer contacto entre nuestro mundo y el mundo digital como lógicamente sería después de lo sucedido en Legacy, lo que tenemos aquí no hay una sensación de asombro o misterio en su trama, solo hay una espectacularidad limitada por elementos que tratan de ayudar a un pésimo guión con elementos externos como sus efectos especiales y su banda sonora.

Si algo hemos aprendido a lo largo de los años de ver películas y series de televisión sin ser críticos expertos de cine es a identificar a los personajes y empatizar con ellos, lamentablemente la idea de construcción de esto no funciona tan bien como se esperaba principalmente en Ares que hace bromas tontas e intenta psicoanalizar a Eve quien parece simpatizar con este personaje, sus diálogos son una combinación de ideas mal ejecutadas que no tienen mucho sentido con lo que está pasando y con lo que tienen que resolver.

Hay demasiados elementos mal puestos, por un lado tienen que hacerse del código de permanencia mientras su personaje principal oscila entre esto y ser algo secundario, si bien tiene algunos momentos pasajeros de humanidad e intenta hacernos reflexionar con su discurso moral de que debemos valorar el hecho de que nosotros como espectadores somos humanos y debemos tomar eso con más seriedad no tiene un arco discernible ni concreto que se pueda desarrollar más, da la impresión de que le preocupa más posar con su espectacular traje que cumplir con una misión que plantearon desde un inicio como algo muy importante.

Pero resulta ser que Ares tiene una visión diferente del mundo y repentinamente está en desacuerdo con su misión de obedecer a su controlador y esto lo justifican cuando ingresa a nuestro mundo por primera vez y queda fascinado por ello e inmediatamente revela cuáles serán sus futuras motivaciones y está en camino de darse cuenta de que puede elegir ser un arma o no serlo, lo que justificará que se rebele ante su creador y literalmente pueda hacer lo que quiera y claro decidir por sí mismo hacia dónde irá la trama.

Ares se siente y se desarrolla planteándose que solamente es intrépido y por lo tanto, poderoso afirmando a cada momento su autonomía y autoestima a pesar de que sabemos que es sólo una herramienta destinada a destruir y no a crear, comienza siendo un villano que de la nada se redime pero no por un bien hacia los demás sino por un bien personal de querer ser algo que no entiende pero que está dispuesto a explorar, y Eve no es la típica damisela en peligro, de hecho jamás sentimos que lo esté, probablemente porque ha pasado toda su vida jugando videojuegos y puede aplicar sus habilidades a un mundo físico que ha sido invadido por máquinas y criaturas generadas digitalmente un sueño hecho realidad para todo gamer incluyendo los discos de luz que cambian a ser triángulos, un artefacto volador con forma de no sabemos qué o bien un reconocedor que puede evocar arcos de piedra de una civilización antigua.

La película alterna constantemente entre la realidad y la realidad virtual, y después de un tiempo la distinción que podemos tener como espectadores sobre este tipo de entornos empieza a parecernos un recurso cada vez más inútil porque no define en dónde quiere estar porque ni pasa nada en lo virtual ni tampoco pasa nada interesante en lo real, la vida que tenemos cada uno de nosotros como seres humanos en esta realidad no se rige por el uso de elementos virtuales, son solamente una herramienta de ayuda de la que cada día dependemos más en nuestros hogares, en las oficinas, en las calles, para relacionarnos con otras personas por medio de las redes sociales etc, un día a día que cada vez lo vemos y lo aplicamos de una manera más normal y no como parte de un programa al que tengamos que obedecer inflexiblemente con las directivas con las que seamos programados.

Esto último es una cuestión muy profunda que se trata de explicar en un guión muy simple y mal estructurado, este es uno de sus mayores fallos, con años de experiencia y con entregas previas no han entendido del todo que para poder plantear esto primero deben tener una idea muy clara de lo que quieren y pueden desarrollar y es en esto donde justamente caen en el error como lo han hecho un sin fin de producciones hoy en día, lo que eleva aún más la falta de creatividad y originalidad en sus proyectos.

Tron: Ares con todo y sus fallos es una película impresionante de ver y escuchar, los efectos especiales son de lo mejor y han sido parcialmente cuidados hasta el último de sus detalles pasando por alto y dejando a un lado las leyes de la física y lo científico que pueda ser el explicar como algo digital puede hacerse real, considerando que constantemente está tratando que nos involucremos con algo que dan por hecho que ya entendimos, que sus personajes son demasiado arquetípicos y planos que no aportan nada lo suficientemente interesante ya lo sabemos desde un inicio lo que no debe ser un factor decisivo para que haya elementos que intentan salvarla de lo que desde un principio estuvo mal hecho.

Los efectos especiales suben a otro nivel desde el 2010 y lo que vimos en Legacy, ahora las armas, los vehículos traducidos del mundo virtual que dejan rastros de luz que también son sólidos y pueden ser tocados, los trajes de los personajes para que por colores identifiquemos quién es quién, las escenas de acción y de persecución, las escenas de enfrentamientos físicos entre personajes son impresionantes pero tampoco es algo que no hayamos visto antes, otro gran problema es la edición que tiene demasiados cortes y aboga por el recurso de poner todo a oscuras y en colores rojos, simplemente porque se ve bien y no porque tenga un elemento que justifique el por qué debe ser así.

Su final nos deja claros que esto queda abierto a que haya otras entregas y se nos cuente más de estos personajes, cosa que posiblemente no sucederá, vemos a Ares habituándose a un mundo real del que al parecer ha aprendido lo básico y seguirá en la línea de pretender ser humano con todas sus cualidades y defectos, en la escena post créditos vemos a Julian atrapado en este mundo virtual que él ayudó a crear y que ahora es este quién lo destruye, al final de finales el antagonista tuvo lo que merecía y que pudo ser mejor y quedar en otro momento de la cinta, esto fue integrado a último momento ya que por lo que sabemos del primer guión es que su final iba a ser muy distinto, veíamos que Ares se encontraba con Sam y con Quorra para crear un nuevo mundo virtual en el que pudieran rescatar a Flynn y esto no sucede aquí y que posiblemente funcionaría mejor.

Es de reconocer que uno de sus puntos más fuertes e interesantes es el hecho de que cuando Ares ingresa a los archivos de Flynn para buscar el código de permanencia vemos nuevamente el mundo de Tron como en la primera película, es sorprendente el contraste que hay entre los elementos antiguos con los modernos, es el propio Flynn el que le entrega el código de permanencia gracias a una justificación que le da Ares de querer ser algo más que un programa, idea que se respetó de la primera entrega pero que lamentablemente queda demasiado pobre como para otorgarle a un ser digital el poder máximo de ese mundo, lo que terminamos por entender es que con este código en manos de alguien que no sabe lo que quiere ni conoce el mundo real al que pretende entender y aprender pueda hacer lo que quiera y traer a la realidad a quien quiera, un cliché muy básico que podrían usar en algún otro proyecto si es que lo hay.

El elenco lo conforman Jared Leto, Greta Lee, Evan Peters, Jodie Turner-Smith, Hasan Minhaj, Arturo Castro, Gillian Anderson y Jeff Bridges, un buen elenco de actores que están demasiado desperdiciados y otros más a los que el personaje les quedo o demasiado grande o demasiado chico, en el caso de Leto no logra convencernos de que es el protagonista de una historia que pudo ser muchísimo mejor o que su compañera y contraparte sea un personaje sacado de la nada simplemente por inclusión más que por talento en el caso de Turner-Smith, se agradece el esfuerzo pero ninguno logra entender, ni conectar y mucho menos desarrollar un personaje como estos, bien dicen que hay actores que nacieron para interpretar un papel en específico, aquí esto no sucede y queda solo como algo que puede o no abogar por la nostalgia pero no algo que merezca más allá del talento que demuestran.

La música compuesta por Nine Inch Nails es lo mejor y más destacable de la cinta luego después de sus efectos especiales, una banda sonora que está dispuesta en cada momento y en cada acorde a tener simetría con lo que vemos, en este rubro Tron como franquicia no nos ha decepcionado y merece una reseña aparte, en este caso ni este recurso ni sus grandes efectos especiales logran salvar la cinta.

En resumen, Tron: Ares audiovisualmente es una cinta muy hermosa de ver y de apreciar, una experiencia cinematográfica casi impecable que es arruinada por un guión mal escrito y por una dirección aún más pobre, es una lástima y una pena que un proyecto que tuvo una gran idea desde su inicio a principios de la década de los 80 no haya encontrado el lugar que merece dentro del género de la ciencia ficción y que podría ser tan grande y un clásico de culto que pasa totalmente desapercibida y que no es de extrañarnos que nuevamente vuelva a fracasar y quizá esta vez sea de manera definitiva.

Tron:Ares ya está de estreno en salas cinematográficas de nuestro país.


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