Reseña de Scream 7

Reseña de Scream 7

Scream 7 no es una reinvención es más de lo mismo.

Las franquicias y sagas siguen siendo un recurso muy usado por la industria del entretenimiento para así poder hacer más dinero en taquilla aunque los productos finales no sean lo esperado.

El horror es un género que se ha desarrollado más desde finales de los años 70, sagas como Halloween, Nightmare on Elm Street, Friday 13th, Psycho, Jaws, The Omen, Phantom, Chucky, Candyman, the Texas chainsaw massacre, Child’s corn, Hellraiser, The Witchcraft, Amityville, y más recientemente Saw, Paranormal Activity, Final destination, Ringu, Terrifier entre muchas otras.

Una de ellas en particular ha gozado de gran popularidad entre propios y extraños, desde su estreno Scream ha sido una de las principales dentro del género que ocupa de evolucionar junto con sus actores, desde que Kevin Williamson reinventó el sub género de slashers en 1996 han pasado muchas cosas desde entonces.

Scream (1996), Scream 2 (1997) y Scream 3 (2000) forman parte de una trilogía clásica, mientras que Scream 4 (2011), Scream (2022) y Scream VI (2023) forman parte de una trilogía millennial, en este 2026 una nueva entrega que posiblemente abra una nueva trilogía con Scream 7 dentro de esta franquicia sea algo que muchos esperamos para bien o para mal.

¿De qué trata la película Scream 7?

Cuando un nuevo asesino disfrazado del mítico Ghostface aparece en el tranquilo pueblo donde Sidney Prescott (Neve Campbell) ha construido una nueva vida, sus peores temores se hacen realidad cuando su hija Tatum Evans (Isabel May) se convierte instantáneamente en el próximo objetivo, Sid está decidida a proteger a su familia a toda costa y enfrentar los horrores de su pasado ¿podrá poner fin a esta masacre de una vez por todas?

Hacer una séptima entrega ha representado demasiados problemas para la franquicia, cambios de director, reescritura de guiones, cambios en su elenco, revocaciones de permisos y demandas es el verdadero horror detrás de todo esto.

Podemos preguntarnos ¿esta entrega es lo suficientemente necesaria para seguir expandiendo esta metahistoria? es simplemente un capricho de la industria por mantener vigente una saga que empezó hace 30 años y que se niega a morir, no ponemos en duda que se ha enriquecido a sí misma y que ha tenido grandes aportes aunque no todos sean tan buenos como se esperaba.

Desde su continuación y reinicio con Scream en el 2022 las cosas poco a poco han ido subiendo de tono sin dejar esa línea característica de la saga, actrices y actores nuevos y populares interactuando con los clásicos es algo que nos sorprendió en su momento, verlos ahora 3 décadas después y con una evolución obligatoria a cuestas esta nueva entrega oscila entre lo que debe ser y lo que es.

Esta secuela trata desesperadamente de eliminar y justificar sus cambios y en una gran medida a su complicado argumento y las sub tramas de sus últimas dos películas y toda ese sarcasmo y la irreverente ironía metatextual y su estilo visual que han estado presentes en casi todas las demás entregas hasta hoy incluyendo las dos primeras películas que Williamson escribió en solitario hace 30 años y que le han dado el éxito que la mantiene vigente.

Hasta ahora y con la división de trilogías no podemos decir que hay una mala película de Scream, pero sí podemos decir que una son mejores que otras por sus giros de tuerca inesperados y las diferentes identidades que ha tenido 👻 Ghostface a lo largo de los años, cada una de ellas tenía algo importante que decir y aportar sobre su género, la industria y la propia cultura que ha creado a su alrededor, y lo podemos confirmar con Stab en Scream 2 y que ahora es una parte ya integral de este nuevo concepto y modernidad de este asesino serial.

Scream 7 es la franquicia cinematográfica principal de la que deriva una franquicia cinematográfica en su misma historia llamada Stab, el guión escrito por Guy Busick y el mismo Williamson hace de todo lo anterior una sátira nostálgica para fans de la saga y critica duramente lo difícil que es manejar ese sarcasmo referencial cuando los personajes mueren y encuentran la manera perfecta de traerlos a todos nuevamente a la pantalla por medio de la AI muy de moda en nuestros días y un elemento importante para su desarrollo.

La historia se construye intentando desesperadamente equilibrar dos elementos muy importantes, primero la modernidad de los medios virtuales y sus creaciones y la nostalgia tóxica y necia de querer seguir con los mismos actores en tramas que ya no tienen nada que ver con lo original, sin embargo, la exploración de estos dos conceptos pudo manejarse mejor y darle el enfoque basado en lo que ya conocemos y que ha hecho de estas películas algo importante dentro de la cultura pop, en cambio termina siendo un producto demasiado superficial que recurre a trucos y cameos predecibles que sirven más para satisfacer un deseo momentáneo de los fans que para ayudar a que esta historia tenga una línea coherente dentro de su propio contexto.

Desde mucho antes de su estreno y durante su filmación se “filtraron” puntos importantes de lo que sería su trama, sabíamos del regreso de uno de los actores de la Scream de 1996, todo su misterio central y su giro de tuerca es desde el principio una situación que no tendrá una salida creativa y satisfactoria, ya sabíamos de antemano que un personaje previamente fallecido ahora está vivo, y es Stuart “Stu” Macher (Matthew Lillard) lo que crea una serie de continuidades retroactivas altamente problemáticas que terminan siendo una simulación de IA lo que elimina cualquier peso importante y emocional como antagonista en la confrontación con su protagonista y opta por transformarse en un slasher genérico donde el peso de su trama es sólo un elemento presente en lugar de ser la piedra angular de todo.

Su evidente falta de creatividad cae en una zona de confort más visceral dentro de su género y de sus propias reglas; las muertes de los personajes sin excepción no tienen impacto y caen en lo explícitamente gore y de humor involuntario, no hay una sola secuencia sobre este tema que logre ser lo suficientemente destacada para sostener la línea que planteó desde el principio de todo, las secuencias de persecución y las peleas con Ghostface son increíblemente repetitivas y parecen estar copiadas una de la otra y de entregas anteriores sin que se destaquen por tener una coreografía inventiva y sorprendente.

Máscara de Scream

Lo anterior nada tiene que ver con lo que hicieron como directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett en Scream 6 donde utilizan y reutilizan todo el entorno de Nueva York de una manera brillante para crear un nivel de tensión y suspenso diferente, su final es muy poco interesante y se debe a que mucho antes ya sabemos que Tatum Evans, Sidney Prescott, Mark Evans y Gale Weathers saldrán ilesos como personajes sin arriesgarse a que alguno de ellos muera como fue en Scream 5 con el personaje de Dewey Riley (David Arquette) y dejarlos para futuras entregas.

Otro de sus evidentes fallos es crear un par de personajes sacados de la nada y sin justificación alguna para que sean la revelación final y el tan esperado giro de tuerca, mientras que la pobre y carente dirección Kevin Williamson nos hace pensar que el asesino es Ben Brown (Sam Rechner) el novio de Tatum al que asesinan nos deja con un vacío argumental muy difícil de llenar ya que ninguno de los demás personajes excepto Stu son tan importantes o tienen una motivación lo suficientemente concreta para querer seguir con el intento de asesinar a la indestructible Sidney.

Dicho lo anterior son Marco (Ethan Embry) un empleado de una institución mental en donde se supone que estuvo Stu y Jessica Bowden (Anna Camp) la vecina chismosa e insoportable de Sidney y madre de Lucas (Asa Germann) que está obsesionado con los asesinatos de Woodsboro, son quienes están debajo de las máscaras de Ghostface, lo que da como resultado que este enorme agujero en su guión no tenga el más mínimo sentido para lo que estamos viendo, jamás se dan el tiempo para explicar quiénes son, de dónde vienen, qué los motiva a tomar decisiones tan estúpidas y nada creíbles de querer acabar con la protagonista.

En este punto Scream 7 como parte de una franquicia queda muy por debajo de las demás siendo muy seguramente la más floja y mala de toda la saga, si la estrategia es dejar todo para la siguiente entrega entonces Williamson y Busick han fracasado terriblemente como director y guionistas respectivamente, no hay nada que justifique que un trabajo que tardó meses en aprobarse dentro de todos los problemas que tuvo para realizarse nos entreguen un producto deficiente, mediocre y aburrido dentro de una saga que en su momento enriqueció y sirvió de modelo para lo que se ha hecho después de su estreno en otras producciones hasta nuestros días.

Durante sus 114 minutos de duración vemos una estética plana y desaturada de otras tantas películas o series hechas para una plataforma de streaming en donde las cosas pasan por casualidad sin explicar nada, escenas que se diluyen por su carencia de impacto sin sobresaltos que nos sorprendan como audiencia, el uso moderado de nostalgia hacen que tengamos que revisitar otras entregas de la misma saga para entender el por qué están, un signo de que esto no puede sostenerse por sí solo ni se desarrolla por sí misma.

Bien dicen que aquí falta la mano y supervisión de Wes Craven como director y consultor porque no es nada fácil crear, escribir, dirigir y darle rumbo a una cinta de este género, se deben tener bases concretas, saber del tema a tratar y la amplia visión de a dónde quiero llevarla y lo que puedo esperar de esto en el proceso, qué se quiere hacer con los personajes y desarrollarlos con una evolución propia del tiempo que le tome a la saga seguir explorando nuevos conceptos, y es más que evidente que a Willamson le falta experiencia como director y aprender que cada género tiene sus propias reglas en su propio contexto, entender que hacer las cosas solo por hacerlas y tratar de engañarnos queriendo sorprendernos no es una fórmula que asegure el éxito del producto.

Scream nunca ha sido una saga cinematográfica que esté por encima de sus propias expectativas y a la trillada fórmula de sobrevivir a una película de horror, a 30 años de distancia podemos decir y asegurar que Craven hizo de su Scream original una pequeña y elegante cinta en donde se combinaban elementos propios de la época con una historia sobre adolecentes y el slasher de los años 70 mezclando hunor negro y sarcásmo que es hasta hoy un clásico insuperable por sus propias secuelas.

Ghostface como personaje sigue teniendo una estética visual casi perfecta, y es quizá lo único que vale la pena de ver aunque sus secuencias sean cinematográficamente muy pobres y poco impactantes, sabemos que ahora ha subido la apuesta al ser más visceral en sus asesinatos no dejándonos claro quién es quién o quién de los 2 asesinos bajo la máscara es el más audaz, simplemente se siente como un personaje independiente y aparte de todo lo que sucede a su alrededor.

No es que Scream 7 sea una mala película de dentro del universo de Scream, es el resultado de no saber cuándo terminar y cuándo decidir que esto no siga, como saga hace mucho que dio lo que tenía que dar y lo hizo de bien a medianamente bien a mal, el insistir en que esto aún puede dar buenos resultados es un capricho muy estúpido de querer que como audiencia evolucionemos a la par de sus personajes y situaciones, ya no hay nada más que ver ni nada más que nos sorprenda, ya vimos como asesinos al hermano sacado de la nada de Sidney, a la sobrina, a la madre y a la hija de Billy Loomis (Skeet Ulrich), y a una serie de personajes que no tiene nada que ver con el problema inicial, esto se ha superado así mismo pasando de lo creíble a lo absurdo y fantasioso, a normalizar que matar por matar es divertido.

El cast en esta ocasión lo conforman Isabel May, Jasmin Savoy Brown, Mason Gooding, Michelle Randolph, Jimmy Tatro, Mckenna Grace, Asa Germann, Celeste O’Connor, Sam Rechner, Mark Consuelos, Tim Simons, Joel McHale, Ethan Embry, Anna Camp, Neve Campbell, David Arquette, Courteney Cox y Matthew Lillard quienes hacen lo que pueden con lo poco que tienen y decir que lo hacen bien no, en el caso de los clásicos están porque tienen que estar como representantes de la primer trilogía, en el caso de Lillard que pudo tener una mucho mejor participación y una justificación más creíble y real se queda solo en una actuación mediocre y estúpida como las que suele hacer este actor pero que dentro de este contexto quedaba muy bien.

La música compuesta por Marco Beltrami no nos queda al deber por el contrario, este es el único punto de todo Scream 7 en el que se siente una evolución, temas intensos sin tener que ser demasiado ostentosos, como veterano en la saga Beltrami sabe muy bien como debe de hacer su trabajo y en este caso queda muy por encima de lo que audiovisualmente tenemos.

En conclusión, Scream 7 confirma que la saga hace mucho que perdió sustancia, ritmo y personalidad, que evidente que la historia de Sidney Prescott como protagonista terminó hace décadas y es casi una crueldad hacia el personaje que todavía tenga que estar haciendo esto después de tantos años, y tenemos como resultado una secuela decepcionante de una saga que no pretendía fracasar tan evidentemente.

Es más un ejercicio de nostalgia que una película que aporte algo nuevo, intenta criticar la dependencia del pasado a través de la IA y termina siendo una víctima de su propia falta de visión y originalidad, y lo que nos deja es sólo la imagen de una franquicia que parece luchar contra su propia obsolescencia sin saber cómo reinventar su capacidad de satirizar el mundo real e impactar a través de una creatividad genuina y coherente, para que una historia como esta siga vigente no basta con replicar lo anterior, es hacerlo mejor.

Scream 7 ya está de estreno en salas cinematográficas de nuestro país.


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