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¿Por qué debería importarnos la neutralidad de la red?

En los principios del internet se le conocía la red de redes, precisamente porque eso es. La interconexión entre las redes de los diversos proveedores de telecomunicaciones es lo que ha permitido su expansión y la transformación de la economía hasta lo que hoy conocemos, pero no hay que perder de vista que todo este tráfico de información se realiza a través de infraestructura privada, y aunque se haya consagrado el acceso a internet como un nuevo derecho humano, estamos en manos de los intereses comerciales. Máxime cuando el/la internet es lo que está acelerando los cambios sociales.  

Hace un lustro, la controversia por iniciativas como SOPA y ACTA llegaron a tal grado que no les quedó más remedio que echar para atrás esta “protección” mercantil y gracias a ello hasta el día de hoy podemos disfrutar de internet como un espacio mayoritariamente libre y plural. Recalco: Hasta el día de hoy.

Como seguramente sabrás, la semana pasada se aprobó en Estados Unidos una regulación que hace opcional el principio de neutralidad de la red para los proveedores de servicios y los dueños de la infraestructura, este principio era lo que permitía que todos los contenidos fueran entregados sin restricciones aun cuando eso afectara el negocio de estas compañías. Ah, y esta vez se hizo de manera bastante sigilosa y que seguramente pronto empezaremos a ver replicada en el resto del mundo.   

Por ejemplo, el hecho de que un particular pudiera conseguir algún programa de manera legal o ilegal, que lo ayudara a descargar una serie o película, y este lo subiera a un lugar para promover su descarga gratuita – e ilegal-. Si tomamos en cuenta que muchas de las empresas propietarias de la infraestructura por la que se hace el intercambio de información, también tienen intereses en otros sistemas de distribución de contenido como la televisión por cable o las plataformas de streaming legales, esta práctica tolerada hasta ahora evidentemente hace un hueco en sus finanzas.

Por ese lado resulta hasta entendible que se haya avanzado en este tipo de regulación, sin embargo, es sólo el primer paso por ejemplo para limitar la cantidad de información a que se puede tener acceso, se pueda favorecer algún tipo de contenido que les permita crecer su negocio y se afecte el acceso a fuentes de información críticas o contrarias a sus intereses comerciales.

Otro ejemplo, si contrataras el servicio de internet con una compañía está podría dificultar que tú buscaras información sobre su competencia para enviar que conozcas la oferta del competidor y tal vez decidas dejar de contar con sus servicios. Ya no hablemos de los medios horizontales en que se han convertido las redes sociales, pues los particulares estarían cada vez más reacios a compartir sus opiniones si no tienen la consciencia de que van a poder encontrar eco en algún otro que comparta su visión, pues para asegurarse de que lo que está posteando va a tener una difusión tendría que invertir en promocionarlo necesariamente, en un esquema que desterraría para siempre las búsquedas orgánicas y los puntos de coincidencia sin ningún otro costo que tu mensualidad de internet.

Y aunque en un principio se habla de una autorregulación de las compañías, que de por sí tienen un negocio jugoso con el simple hecho de que tu hagas uso de sus servicios pues han alcanzado a tener un entendimiento que se puede capitalizar de manera que pocos podemos imaginar aún hoy, pero soltarles las manos es un condenado a muerte tuviera que pagar a su verdugo para que el corte la cabeza.        

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