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Ladran en el Cine Mexicano

Cada vez más asistimos a un mayor número de estrenos de películas mexicanas, gracias en parte a los estímulos fiscales y en parte a un mayor interés del público que se ha recuperado desde la fatídica década de los 80’s; donde entre la crisis, las malas condiciones de los cines y la pésima producción nacional de largometrajes, nadie osaba asomarse a aquellos palacios de viejas glorias.

Tan sólo en 2016 fueron producidas 162 cintas nacionales -de las que 55% fueron apoyadas por el estado- igualando el récord de 1958, además en esos 12 meses llegaron a las salas de cine 90 filmes. Aún hay mucho que ver, aunque las expectativas sean poco alentadoras pues la mayoría de los estrenos nacionales de los últimos tiempos recrean fórmulas internacionales con resultados que en el mejor de los casos se pueden calificar de disparejos. Pero la excepción que viene a romper la regla es una película compleja que ha llevado más de una década desde su génesis hasta que por fin podamos verla en la gran pantalla este 5 de abril: La 4ta Compañía.

Ganadora de 10 premios Ariel en la pasado edición, la Ópera Prima de Amir Galván y Vanessa Arreola está basada en la historia real del equipo de fútbol americano Los Perros de Santa Martha, cuyos juagadores son internos del penal al sur de la capital de México. A finales de los 70’s este equipo logró un alto perfil y se coló en una liga semi profesional y por supuesto era presumido como un logro de la readaptación social.

Lo que nadie sabía era que los miembros del equipo eran utilizados como un órgano de autogobierno dentro del penal al servicio de las autoridades e incluso eran sacados para cometer diversos crímenes desde el robo de vehículos hasta asaltos a bancos.

La cinta cuenta con valores de producción de muy alta calidad, empezando con la utilización de locaciones reales pues fue filmada al interior de la cárcel y con reos como extras. Los actores tenían dobles para las escenas de encuentros deportivos que eran jugadores con años de involucramiento en la disciplina deportiva, y asesoramiento de coaches con amplio currículum lo que le da un realismo a los partidos que se pueden ver a cuadro.

Puesto que esta historia plagada de corrupción no había sido fuertemente documentada, Galván y Arreola se enfrentaron a la dificultad de verificar los hechos históricos, que llegó por primera vez a los oídos de él precisamente por un convicto. El recogimiento de testimonios y una serie de licencias dramáticas, reforzadas por una verdad y momentos cercanos al documental, pintan esta historia enmarcada en una de las épocas doradas de la corrupción del priísmo y con un símbolo tan importante de esta podredumbre como lo fue Arturo “El Negro” Durazo.

Actuaciones convincentes, una edición al servicio de la historia, efectos visuales, maquillaje, vestuario que recrean el final de los años 70’s, y un buen sonido -raro en el cine nacional-, logran poner un espejo de este capítulo negro contra la situación actual del país y las condiciones infrahumanas que se viven en las cárceles de todo nuestro territorio.

“Ladran, señal que cabalgamos”. Esta frase famosa atribuida al personaje de Don Quijote – pero que se dice que no aparece en el volumen y no me he dado a la tarea de verificar-, sería bien aplicada a esta película que tristemente representa hoy un garbanzo de libra entre lo se cosecha en el panorama fílmico nacional.

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