The Stand tiene un apocalipsis muy diluyente

Hablar de la grandilocuencia que tienen las obras de Stephen King en la industria del entretenimiento resultaría sumamente pretencioso si tomamos en cuenta que de los  proyectos que se han mantenido en espera de ser aceptados y producidos solo unos cuantos  son los que realmente valen la pena, muchos otros solo se han quedado en el intento de ser una adaptación con una  buena propuesta con muy malos resultados.

El negocio de adaptar obras literarias al cine o a la televisión ha estado muy presente en los últimos 90 años y algunos no han sido buenos del todo pero es sin duda una carta fácil de jugar si estás en un medio al que ya se le acabaron las ideas y el gusto por hacer cosas originales.

En el caso de este autor ya vimos el reciente remake de Pet Sematary y Dark Tower  no podemos negar que la segunda parte de It y la adaptación de D. Sleep no estuvieron a la altura de las películas con las que conectaban.

En este contexto adaptar la apocalíptica historia de The Stand generaba muy altas expectativas más positivas que negativas por lo cuidada que se veía la producción y obviamente por su elenco de actores.

¿De qué va la serie?

En un mundo post apocalíptico la humanidad ha reducido sus habitantes debido a la peste. Envuelto en una eterna lucha entre el bien y el mal, el destino de la humanidad que queda, descansa sobre los hombros de la Madre Abigail (Whoopi Goldberg) y un puñado de sobrevivientes quienes harán todo lo que está a su alcance para mantenerse a salvo de su peor pesadilla, un hombre con poderes indescriptibles llamado Randall Flagg (Alexander Skarsgård) quien busca a toda costa hacer un nuevo orden y proclamarse como líder supremo.

La historia desarrollada a cargo de Josh Boone y Benjamin Cavell se queda a mitad de camino en su intento de ser algo memorable que esté a la altura de la serie de novelas que aclaremos, tampoco son las mejorees, desde el primer capítulo vemos que la dirección de los eventos  estructura su relato de forma no lineal.

Así mismo, es inevitable que su propuesta también se enfrenta al hecho de que esta es una obra pandémica sobre una gripe mortal lo que la pone a la altura de la actual situación mundial,  los peligros de un virus que se sale de control ante unas autoridades ineficientes que no saben por dónde atacar este problema.

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De aquí que no es fácil recomendar un trabajo como este, tomando como base los primeros lo más relevante que podemos ver es es que su director tomó la decisión consciente de estructurar la historia de una forma no lineal a diferencia de la propia novela dejando de lado  la adaptación de cuatro episodios que se hizo en la década de los 90’s; en este caso la historia va hacia adelante y atrás en el tiempo inclusive antes de iniciada la pandemia antes de profundizar en las vidas de los sobrevivientes que con sus actos van a definir un mundo en el que gran parte de la humanidad murió a raíz de esta enfermedad altamente contagiosa.

Podríamos decir que esto le permite al director y a la misma historia plantear bien a los personajes especialmente a los secundarios como el incel Harold Lauder (Owen Teague) quién probablemente el más concreto de todos pero también quien le resta sorpresas al desenvolvimiento de la historia.

En el primer capítulo presentan el futuro para ver cómo está la situación cinco meses del caos, y muy rápidamente vemos cómo comienza a reformarse la sociedad de poco a poco en la zona libre de Boulder, lugar que reúne a los convocados por la madre Abigail, en el camino esos momentos se intercalan con lo que estaba pasando antes de la catástrofe y lo que ocurre una vez que la gente comienza a morir por millones alrededor de los pocos inmunes.

Abigail, al igual que el malvado Randall Flagg, queda absolutamente relegada en los primeros episodios, ambos personajes claves para el conflicto central de la historia, aparecen demasiado poco, una vez que ya son parte de las visiones de aquellos que son convocados a elegir el bando del bien con ella o trasladarse hasta Las Vegas para apoyar un nuevo régimen corrupto para la humanidad.

En la propuesta de The Stand están presentes las interrogantes sobre la humanidad con base en su capacidad para hacer el bien y el mal explorando casi toda su escala de grises, puede ser que sea aquí donde está lo mejor de la serie porque aún no están definidos aquellos personajes principales que no son ni buenos ni malos  incluso aquellos que están destinados a ser parte de la maldad de Flagg.

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Esta nueva adaptación es mucho más grande y mejor detallada que la miniserie noventera, tanto en la puesta en escena como lo que explora su narrativa, tomemos en cuenta que han pasado muchos años de su predecesora y la tecnología con la que se cuenta hoy en día es mucho mejor; son 9 episodios que tienen la posibilidad de introducir a personajes que antes no fueron tomados en cuenta como es el caso de la millonaria Rita Blakemoor (Heather Graham) quien aparece en el segundo episodio y que a grandes rasgos sirve para dejar en claro que no todos están preparados para enfrentar el principio del fin de la humanidad.

La parte más importante de esta serie tal como se narra en la obra original es esa interrogante de si la humanidad puede rearmarse en un nuevo orden tras todas aquellas comodidades que brinda la sociedad tecnológica-capitalista que nos rige hasta el día de hoy; tanto la novela como la visión que tiene este trabajo tiene más que ver con un concepto moralista y religioso de que un alma debe permanecer pura para alcanzar una gloria eterna.

El reparto cuenta con grandes estrellas como James Marsden, Alexander Skarsgård, Whoopi Goldberg, Greg Kinnear as Glen Bateman, Katherine McNamara, Ezra Miller, J. K. Simmons, Bryan Cranston y Heather Graham quienes brillan con sus actuaciones están muy por encima de un guión poco interesante  carente de fuerza,  gran parte de las caracterizaciones principales funcionan estupendamente bien incluso aquellas que tienen algunos cambios respecto la novela.

Es muy pretencioso el hecho de que solo algunos son los que sobreviven en el nuevo entorno y otros como es el caso del Stu Redman (James Marsden) se mantengan en una postura estoica para confrontar al mal que impulsó la pandemia y querer reclamar la victoria final por el simple hecho de que siguen fieles a sus principios dándonos a nosotros como espectadores una lección de moral muy mal llevada.
En conclusión, The Stand es una serie que no se siente completa del todo, los primeros capítulos de la miniserie son auspiciosos pero a los demás les falta más emoción e interés, el final escrito por el propio Stephen King es muy insustancial y pierde demasiada fuerza.

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