El Cid, una serie histórica que cumple con decoro

Las series hechas en España han tenido muy buena aceptación en el extranjero desde hace unos años, Aida de Nacho G.Velilla y aquí no hay quién viva de Alberto Caballero fueron las primeras comedias de situación en llegar a otras audiencias, con la casa de papel las cosas cambiaron y empezaron a explorar otras historias en otros géneros.

El Cid es la nueva serie histórica de acción y drama producida por Zebra Producciones para Amazon Prime Video y creada por Luis Arranz, José y Adolfo Velasco presenta algo muy nuevo con un personaje de la vieja España.

¿De qué va la serie?

Se basa en las andanzas de Rodrigo Díaz (Jaime Lorente) que antes de ser el conquistador de la península de los reinos cristianos era un paje y vasallo que pasa a ser escudero y que se ve involucrado en una serie de conspiraciones políticas que no solo ponen en peligro la vida del Rey Fernando I (José Luis García Pérez)  sino del reino de Castilla teniendo que enfrentar a su abuelo para poder ser merecedor de la espada que le dejara su padre antes de morir pero también de ocupar un lugar en la historia Española.

El Cid es visualmente muy ambiciosa y se nota que la producción fue muy cuidada en sus detalles pero no encuentra su tono ni su personalidad, le falta una mayor sutileza en su narrativa, en personajes más concretos y con más brío.

El mayor problema que tiene esta serie es tener que encarar la realidad de los hechos con  los imaginarios culturales que van desde los cuentos hasta los documentales, por un lado quiere presentarnos épica historia medieval con más acción y peleas coreografiadas en una ambientación muy al estilo de Juego de tronos, un Merlín o un Robin Hood por otro lado, la figura del Cid Campeador se balancea entre lo mítico/histórico y un héroe de acción.

Como espectadores nos enfrentamos a una serie que realiza un esfuerzo extra para encontrar su propia identidad narrativa, dramática y estética, Rodrigo Díaz de Vivar también enfrenta fallos como personaje contra prejuicios, expectativas, retazos de cosas históricas, encarnaciones previas en Cine y Televisión, así como cuentos infantiles.

La serie falla al definir su personalidad porque esta nueva propuesta nunca encuentra su tono uno que cautive o enardezca por ejemplo, en sus primeros capítulos es un relato de maduración mezclado con insidias palaciegas, amores incipientes con un toque de aventura que quiere abarcar todos los públicos, sin embargo, conforme va avanzando la trama, El Cid se va más por el lado de una violencia más explícita y unas escenas de cama que la clasifican de otra forma, no resulta tan obvio que una serie evolucione dramáticamente y se vuelva más clara en las cosas que plantea para dar una resolución a todo lo que ya vimos, en este caso no sucede así porque las cosas pasan a ser ásperas, oníricas y oscuras, visualmente el quinto y último episodio de esta temporada ronda en un meditado tenebrismo y es ese vaivén en su tono lo que cuesta enganchar al espectador de buenas a primeras.

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Una de las cosas que pedimos como espectadores a una serie o película es que todo lo que se cuente tenga una lógica básica, que si está basada en hechos reales o en este caso en personajes históricos por lo menos se tomen la molestia de investigar la secuencia de los hechos y acomodarlos de manera crónológica y que estos a su vez justifiquen una trama que al final nos entretenga y nos deje satisfechos o bien con ganas de querer seguir viendo más, en este caso en particular y a a pesar de que cuenta con un protagonista nítido lo demás no brilla como debería, muchos de los conflictos y deseos que mueven a los personajes resultan superficiales y rutinarios lo que provoca un desequilibrio entre algunos otros como Urraca (Alicia Sanz) o Alfonso VI el Bravo de León (Jaime Olías) y muchos otros más a los que les cuesta deesarrollarse, toda esta desproporción pesa mucho en la narrativa, una justa, un duelo a espada, intentos de envenenamiento, intentos de homicidio la trama no logra transmitir ni la excitante plenitud de un relato clásico de aventuras ni las intrigas políticas que se van gestando dentro del reino falta una mayor implicación emocional con los personajes para hacer que empaticemos con ellos.

Por otro lado, El Cid flaquea en su verosimilitud, tomando en cuenta de que estamos ante una obra de ficción su protagonista como personaje histórico no ofrece una credibilidad propia de la época en la que está situada y lo pone más como un héroe en desarrollo pero muy al estilo moderno lo que deja fuera completamente que sea fiel a su estructura.

Lo que ocurre en esta serie es que cada uno de sus 5 capítulos se basa más en detalles que rompen la emoción de estar viendo algo perfectamente recreado a la época pero que sus actores están en otra porque no respetan ese lenguaje de Castilla que se hablaba en esos tiempos, escuchamos más de una vez un “joder” como interjección en el siglo XI mezclado con términos de cortesía antigua como “vuesa merced” o “mi señor, mi señora” y lo más difícil  viene de varios actores que por más que se esfiuerzan no logran transmitir la escencia de lo que están representando, algunas veces les falta rudeza y en otras les sobra sutileza solemne y es aquí donde pienso que los actores podrían haber destacado mucho más si el guion fuera más flexible en cuestiones de humor y situaciones simples que le darían más frescura y autenticidad.

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La disonancia entre la historia y su reflejo, es que cualquier relato histórico nos aporta muchísima información sobre lugares, nombres y como están estos ubicados en un contexto histórico. Esto se nota porque sus creadores ponen al descubierto las elecciones dramáticas y estéticas al recrear el pasado, probablemente resulte inevitable más en estos tiempos donde todo está sujeto a lo políticamente correcto, que se tomen libertades en el momento de recrear todo, dejando muy atrás lo histórico.

El Cid pierde mucha fuerza al evitar arriesgarse, por ejemplo: la recurrente verbalización de un discurso feminista metido con calzador cuando el entorno histórico y las acciones de los personajes bastan para dejar clara la cuestión de fondo que en el salvaje siglo XI, bajo la ley del más fuerte, la mujer estaba relegada a no opinar ni a participar en decisiones importantes como su matrimonio o bien el conflicto que hay entre moros y cristianos en una época donde la religión era una de las excusas favoritas para matarse unos a otros, si esto hubiese sido mejor llevado podría haber servido para resaltar más los conflictos que se dan de fondo en vez de diluirse.

El casting de actores está conformado por Jaime Lorente, Elia Galera, Carlos Bardem, Juan Echanove, Alicia Sanz, Juan Fernández y Francisco Ortiz quienes llevan el peso de la trama y que se ven tan limitados porque podían dar más de sí mismos a los personajes y desarrollarlos de una mejor manera si el guión y ellos como actores estuvieran en completa simetría con los hechos históricos, insisto en este punto porque es algo que se supone sucedió y que cambió la historia de todo un país.

La ambientación es un punto y a parte de todo es sumamente visual, vemos escenarios naturales con una iluminación exterior que va de lo dorado al gris muy bien aprovechado, transmitiendo la belleza del sobrio paisaje castellano mediante planos generales y audaces movimientos de cámara aéreos, la pesadez de la piedra en los interiores y la majestuosidad de los castillos también son personajes secundarios para que El Cid pueda lucir su condición de espectáculo televisivo, es por mucho que el mejor episodio de esta primera temporada es el cuarto, la trama concreta más cosas e intenta engrandecer al máximo las posibilidades audiovisuales.

En conclusión, al Cid le quedan muchas aventuras por vivir porque solo hemos visto una pequeña parte de todo que si bien ostenta tener un buen presupuesto nos deja con dudas de si esto está funcionando para futuras entregas en otras temporadas o si después de estos cinco episodios ya nadie tenga interés en seguir contándonos más.

El Cid está disponible en Amazon Prime Video.